Responsabilidades – Nuevos retos

Os voy a contar algo. Hay tormenta en el horizonte. Lleva un tiempo sin que el color gris del cielo cambie. Hace un par de días que mis padres se marcharon de mi casa. Dos días de trasiego en los que he dejado a un lado mis obligaciones pasajeras para dedicarles tiempo a dos personas y a una tarea que merecen la pena. Hora ha de volver de nuevo a la senda de lo cotidiano.
De poner los pies en polvorosa.
De indagar, investigar y ponerme manos a la obra.
Apenas sí he tenido tiempo desde el viernes de tomar conciencia de la importancia de lo que se me viene encima.
Han sido tantas las veces que he deseado poder trabajar como formador que ni me había imaginado cómo sería ese momento.
Suponía que me encontraría ante una audiencia receptiva, atenta y pendiente de cada una de mis palabras.
Idealizaba ese momento en que todo hubiera terminado, y tras las breves felicitaciones, iríamos a comer a algún restaurante para celebrar lo fantástico del curso de redes sociales in-company, y el buen augurio que se avecinaría.
Nunca me había parado a analizar con detalle cómo se desarrollaría una jornada cualquiera de dicho curso.
Hasta esta mañana.
Ayer terminaba satisfecho de redactar mi enésima colaboración con Infoempleo.com.
Pero también había conseguido finalizar el documento de ayuda para que mi padre supiera hacerse con las riendas de las listas de correo y la creación de grupos de discusión.
De eso ya hablamos ayer.
Sin embargo, hasta esta mañana no he podido remitirle el fichero por lo pesado que era, ya que mi Blackberry Bold… Mejor dicho, mi conexión a Internet móvil me impide enviar archivos de más de tres megas.
Así que, a lo largo de toda esta noche pasada he tenido tiempo de reflexionar, meditar y pensar sobre la dinámica que quiero poner en marcha para finales de mes, cuando mi curso se desarrolle con total normalidad, en el lugar que le corresponde.
Sin embargo, al despertarme me ha asaltado una angustia inmensa.
Soy consciente de que uno de mis principales defectos es dar por hecho cosas que normalmente llevar tiempo hacerse.
Me considero capaz en todos los sentidos.
Suficiente.
Así que no me preocupa el contenido tanto como el continente… O como el desarrollo.
Mi experiencia como formador me trae recuerdos.
Cuando era coach y conferenciante para IRR España.
Allá por 2001.
Gracias a la mediación de un muy buen amigo del colegio mayor conseguía abrirme paso en el mundo de las conferencias de alto nivel.
Entonces, él colaboraba estrechamente como conferenciante, como gurú y como otras muchas cosas para ésa y otras empresas de recursos humanos.
Un día me llamó para invitarme a participar, y representando a la empresa en la que entonces trabajaba (GTI), en una serie de conferencias sobre contenidos relacionados con Internet y las nuevas tecnologías.
Durante ese año fui ponente de muchas, muchísimas conferencias.
Prestigio. Reconocimiento. Contactos. Imagen.
Me codeaba con la crême de la crême del sector.
Y me apasionaba.
Cuando los temas versaban sobre mis áreas de conocimiento, no había problema.
Sí la primera vez.
Ésa siempre se recuerda.
Nervios.
Miedo a quedar mal ante tu audiencia.
Terror a defraudar a tus compañeros y a manchar la reputación de tu empresa.
Pero no por desconocimiento.
Siempre fui un as en mi campo.
Y además tuve la suerte de contar con gente muy preparada como colaboradores.
Y con un equipo profesional a la altura de las circunstancias.
Así que no era demasiado difícil hacer bien mi trabajo.
Y tampoco hablar de él.
Recuerdo que un día, quien me introdujo en ese mundillo me llamó a mi casa de Madrid para pedirme un favor. Necesitaba que acudiera a dar una ponencia sobre el dominio .es.
Internet, en esa época, me apasionaba. Ahora más.
Me considero geek en todos los sentidos.
Así que no le hice ascos.
Quedamos en que me pasaría la información y que únicamente tenía que ceñirme a su guión y poco más. Alguna pincelada propia aquí y allá. Y listo.
Se veía fácil.
Llegado el día, quedamos poco tiempo antes de que comenzara la mesa redonda.
En la mesa de ponentes éramos tres los expertos a dar nuestras lecciones magistrales.
En el centro, mi querido amigo y colega.
Yo me situé a su derecha, y era el tercero y último en intervenir, antes de que él, como presidente, cerrara y diera por terminada la jornada.
Llegado mi momento, y tras una breve presentación suya comencé mi speech.
Me gusta observar a la gente cuando hablo.
Sobre todo cuando tengo que intervenir largo y tendido.
Es un buen termómetro para conocer si tu audiencia se aburre, se sorprende, se entusiasma.
Mi público era más bien de mediana edad.
Tirando para una media de cuarenta y cinco años. Como tónica general.
Entonces yo calzaba un cuarenta y uno (como ahora) y tendría los treinta recién cumplidos.
Cuando terminé mi intervención llegaba el momento del turno de preguntas.
Una a una las fui lidiando aunque el tema no era precisamente mi fuerte.
La ponencia versaba sobre las cuestiones legales al usar el dominio .es, de reciente implantación en España. Y con una legislación muy muy reciente.
Así que quienes me acosaban a preguntas eran fundamentalmente responsables jurídicos de departamentos de grandes multinacionales y de organismos públicos.
Pero hubo una pregunta, una entre todas, que hizo sobresaltar a mi amigo, y lanzarme por bajo de la mesa una patada a la espinilla.
No debiera de haberme sorprendido.
Antes de que empezara la ponencia, acordamos que si en el turno de preguntas había alguna que fuera demasiado complicada, él sería el encargado de responderla, y me avisaría dándome un leve toque en la pierna.
Su toque no fue tan leve como esperaba.
La respuesta que di a dicha pregunta, tampoco.
No le dejé tiempo para reaccionar y decidí asumir la responsabilidad de la respuesta.
Contesté, y la audiencia quedó satisfecha.
Al finalizar el acto, mi querido amigo se me acercó.
Esperó a que quedáramos solos.
Entonces me dijo que no esperaba que tuviera el arrojo de responder a una pregunta tan complicada como aquella. Pero que le sorprendió aún más, que mi respuesta fuera tan sopesada, meditada y asertiva, como la que di.
Y además, correcta.
Todo esto tiene su sentido.
Quiero decir que cuando uno hace las cosas, las hace porque cree que hace lo correcto.
Y cuando se tiene preparación, normalmente se suele hacer lo apropiado.
En mi caso, me sobra confianza. Me falta tener los pies en el suelo.
Abundo en seguridad. Pero nunca adivino cómo empezar algo hasta que ya se ha puesto a rodar por sí solo.
Sé que saldrá bien.
Porque no me gusta traicionar la confianza que otros depositan en mí.
Pero, sobre todo, porque nada hay mejor que un trabajo bien hecho.
Y que te confíen una nueva tarea.
Y de eso se trata.
De porfiar, perseverar e insistir.
Hasta conseguir éxito.
Hasta haber superado los nuevos retos.
Entrada del 9.
Es marzo.
Año 2.
2011

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Consultor y Estratega en Social Media y Marketing Digital. Mentor en redes sociales y marca personal. Escritor. Conferenciante. Formador. HootSuite Ambassador Lat-Am y España. Profesor de comunicación digital y marketing digital. Director de formación y profesor en Escuelas de Negocio y centros de estudios. Asesor de empresas en las Cámaras de Comercio de la Comunidad Valenciana.

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Anonymous

    Se me saltan las lágrimas!

    Te echo de menos buena pieza

  2. Antonio V. Chanal

    Os recuerdo que sería muy interesante dejar comentarios que puedan ayudarme y ayudaros a hacer mejores post.
    Un saludo.