La industria del cine vs. la generación peer-to-peer

El mundo de la cinematografía parece verse amenazado por las nuevas tecnologías. Al menos por una de su facetas, y que involucra de lleno a los usuarios particulares, normalmente ajenos a cualquier cosa que pueda significar ‘modelo de negocio’ o ‘piratería’.

Internet, la banda ancha (ADSL) y los programas denominados ‘peer-to-peer’ están directamente relacionados.

Dos canadienses –Harold Adams Innis y Herbert Marshall McLuhan- redefinieron los conceptos de la ‘comunicación’, ampliando su significado y extendiéndolo al ámbito de la masa social. El primero reescribió la Historia Humana como la Historia de las Tecnologías de la Comunicación. Innis influiría particularmente en las teorías de McLuhan, quien llegó a decir que el empleo de las diferentes tecnologías afecta a la organización de los sentidos humanos y de la estructura de la cultura.

El cine en sus inicios fue concebido como elemento de comunicación. Sin embargo, en poco tiempo se adivinó que su gran fuerza residía en las grandes dosis de entretenimiento que generaba. La llegada de Internet, pero sobre todo de las conexiones de banda ancha –que permiten grandes transferencias de datos en poco tiempo-, ha favorecido que este tipo de entretenimiento esté alcance de cualquiera en cuestión de horas.

El cine ha encontrado un devastador enemigo entre los usuarios de banda ancha. Pero sobre todo de entre aquellos que saben utilizar los programas ‘peer-to-peer’, que significa literalmente ‘de igual a igual’ y que por extensión refiere a las conexiones que se realizan directamente entre dos ordenadores o PCs, sin que exista intermediario alguno entre ambas conexiones.

Programas como eDonkey (burro electrónico) o su gemelo eMule (Burro o Mula electrónica), y OverNET facilitan la transferencia de grandes cantidades de archivos de cualquier índole. Pero sobre todos los demás, los archivos de películas -‘rippeados’ o convertidos a formatos inteligibles para las aplicaciones instaladas en cualquier PC- son quienes se llevan la palma entre los más demandados por los usuarios. El estreno cinematográfico a quedado relegado a, no ya un segundo plano, sino incluso a un tercer plano de importancia para una incipiente ‘comunidad de usuarios’ que saben dónde y cómo encontrar cualquier película meses antes de su estreno en las pantallas nacionales.

Pero el usuario de Internet es también un usuario habitualmente familiarizado con el idioma anglosajón, por lo que no es de extrañar que busquen esos estrenos entre los usuarios norteamericanos, quienes tienen acceso a los estrenos en cine antes que los europeos o los españoles. En gran parte gracias a la política de estrenos de las multinacionales norteamericanas –que presentan la película a un selecto grupo de espectadores escogidos para que puedan opinar sobre ella- y a la picaresca de lo adolescentes y no tan adolescentes norteamericanos que no dudan en armarse con una cámara de vídeo casera o incluso en hacerse con una copia de la misma (recuérdese la prodigada desaparición de uno de los lotes de ‘Star Wars I – La amenaza fantasma’ de una de las salas de exhibición, meses antes de su estreno oficial en todo el mundo).

En España, digamos que sucede algo parecido, aunque no del todo igual, a juzgar por la calidad de las películas en castellano disponibles con estos programas. Un ejemplo es el de la película ‘Blade III’, que estuvo disponible dos meses antes de su estreno para usuarios de eDonkey. El formato de visualización era el denominado ‘screener’, o lo que es lo mismo, ‘grabado directamente de una sala de cine’. En este caso creo que sólo pudo haberse obtenido de las exhibiciones realizadas a pases de prensa o para el visionado privado de los miembros de estas productoras.

Así que podemos afirmar que el problema, a veces, está en la propia casa. La dinámica consiguiente es bien clara. El usuario que dispone de esa copia la ‘rippea’ en su PC y la convierte a un formato que permita su ‘transporte’ de forma fácil y sencilla. El principal formato que se emplea para esta primera fase (detalles aparte) es el denominado ‘DivX’, que permite reducir el tamaño de una película convencional, en bites, a poco menos de unos 700 megabytes de tamaño. El tamaño depende, por supuesto del metraje de la cinta. Sin embargo, ya poco que nos fijemos, 702 MB suele ser el tamaño habitual que se emplea en los CD-R y CD-RW, las unidades de disco grabables y regrabables.

En el caso de que se quiera una mayor difusión (ya que no todos los usuarios conocen y utilizan el formato DivX) el archivo resultante puede convertirse de forma sencilla a los tradicionales formatos de vídeo WMP (Windows Media Player), AVI o MPEG, manteniendo una calidad de visionado siempre superior a la del reproductor de vídeo, aunque ligeramente inferior a la del DVD.

Pero la posibilidad de grabar el fichero, una vez descargado en el PC local, en un CD-R y luego reproducirlo en el mismo equipo, en cualquier otro e incluso en cualquiera de los reproductores DVD actuales, abre un inmenso abanico de usuarios que están dispuestos a mantener su ordenador conectado día y noche, con el único objeto de ‘descargar’ esa película que aún tardará algunos meses en estrenarse o en ponerse a la venta en vídeo y DVD.

Internet otorga un nuevo significado a la comunicación. Cada usuario se convierte en un ente con personalidad propia. Anónimo, pero con infinitas posibilidades de poder contactar con ‘iguales’ repartidos por cualquier parte del mundo.

No es necesario que todos estos usuarios cuenten con los conocimientos técnicos para ‘rippear’ o convertir formatos de archivos de audio o de vídeo. Basta con conocer los medios que permitan intercambiar y compartir estos archivos. La ‘propiedad intelectual’ (por así llamarlo) de quienes ‘rippean’ descansa en el hecho de autopubicitarse en el propio nombre que han dado al resultado de la conversión. Antes de descargar este archivo nadie conocía al usuario llamado ‘Romualdo’, pero a partir de ahora, esa firma va a llevar implícita una buena o mala calidad de imagen o de sonido, además de la adecuada compresión del archivo.

Elementos que a la postre favorecerán o perjudicarán la imagen de este usuario como elemento a ‘tener en cuenta’, o no, por la ‘comunidad de usuarios’ para futuras descargas de películas, que lleven su nombre.

En el tintero quedan aún bastantes temas por tratar, pero creo que, por el momento, es una aproximación bastante buena de lo que sucede en algunos de los entornos creados alrededor de las conexiones de banda ancha. De las comunidades denominadas ‘peer-to-peer’. A la difusión de estos programas y de las películas disponibles ayuda Internet en sí misma, ya que muchos de estos usuarios crean ‘sites’ o sitios específicos y exclusivos para la exhibición de enlaces a recursos disponibles.

Y lógicamente los que tienen más eco son los que llevan la denominación de ‘spanish’ o ‘español’, puesto que la película o el archivo expuesto podrán escucharse, oírse y disfrutarse en la lengua de Cervantes.

Parafraseando la frase de Ronald Hubbard, “Un hombre está tan vivo como pueda comunicar”, en el nuevo mundo ‘internauta’ que ahora despierta podríamos afirmar que “Un usuario está tan vivo como pueda compartir”… El intermediario ha muerto. Y es ahora cuando el individuo ‘único’ empieza a darse cuenta de que tiene un poder enorme entre sus manos. El problema es que no existe, a día de hoy, una fórmula que permita controlar ese vasto poder, ahora tan repartido.

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Consultor y Estratega en Social Media y Marketing Digital. Mentor en redes sociales y marca personal. Escritor. Conferenciante. Formador. HootSuite Ambassador Lat-Am y España. Profesor de comunicación digital y marketing digital. Director de formación y profesor en Escuelas de Negocio y centros de estudios. Asesor de empresas en las Cámaras de Comercio de la Comunidad Valenciana.

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