Intolerante a la mala leche (2)

Os voy a contar algo. Las redes hacen extraños compañeros de cama. Lo dije hace quince días, y lo reitero ahora. Y seguramente lo convertiré en máxima. Porque parece mentira que haya gente tan formada que pueda ser tan hosca y cabezona en algunas cosas. Aunque de todo hay en la viña del señor.
De todo, menos uva.
Que ésa se recolecta para hacer buen vino de mesa.
El caso es que desde hace algún tiempo vengo usando una App desarrollada para Twitter y para Facebook que realmente me parece muy, pero que muy interesante.
No tiene nombre.
Sólo se la conoce por la denominación que tiene su página web.
Grosso modo, consiste en lo siguiente.
Hemos de acceder registrándonos con nuestro usuario bien de Twitter bien de Facebook.
Yo únicamente lo he probado con mi usuario de Twitter, y he creado hasta diez elementos. El máximo que se permite para un usuario no de pago.
El fin de esta app no es otro que el de crear de manera automatizada un periódico que recopila información accesible a través de estas cuentas.
Su diseño no es otro que el de los diarios digitales como los que pululan por Internet.
Apenas sí se puede modificar nada excepto el título, la periodicidad, su divulgación y los contenidos que queremos que aparezcan.
Aunque todo con matices.
Partiendo de la vinculación con la cuenta de Twitter, una de las posibilidades es la de recolectar información de determinados o de todos los usuarios de dicha red social.
Lo siguiente, establecer los parámetros que ha de seguir para recoger dicha información.
Mi caso, mi cuenta, dispone de diez diarios que recopilan información cada hora.
La cadena de búsqueda que establecí en su momento quería que seleccionara twits de usuarios que contuvieran hashtags como #empleo OR #trabajo, para el caso de los ocho diarios sobre empleo con los que cuento; o bien sobre #coaching OR #formacion, para el caso del único diario vespertino y matutino (de dos ediciones diarias).
El sistema programático de dicha app es el que distribuye, coloca, maqueta, ubica y dispone las menciones de los usuarios (que necesariamente deben de contar con direcciones o vínculos web externos).
No es posible modificar nada, salvo que seas usuario Premium (supongo).
Cosa que no soy.
Tiempo ha, una amiga me advirtió de que determinada usuaria de Twitter la había citado en uno de sus twits, y que cuando accedió al enlace, vio que se le adjudicaba a ella la autoría de un artículo (más bien post) de mi blog.
Me avisó del incidente.
Busqué la página web.
Y tras echar un somero vistazo por encima, nada profundo ni analítico, deduje que dicha página se dedicaba a la recopilación sin más de menciones o mensajes de un tema en concreto.
Fue la primera vez que supe de Paper.li.
Pero no la única.
Unos días más tarde, era a mí a quien mencionaba, y redirigía directamente al reciente actualizado artículo en el portal en el que colaboro: Infoempleo.com.
Me citaba como autor, y obviamente, divulgaba el título del post.
Entonces me di cuenta de cómo funcionaba realmente este producto.
Cazaba únicamente los twits de los usuarios que incluyeran un determinado hashtag, y siempre que dichos mensajes tuvieran enlaces a páginas web.
Me gustó el asunto.
Creé mi primer diario en línea.
Y a poco, hice otros nueve más sobre temas diversos.
Aunque los que más abundan, son los referentes al empleo y al trabajo.
El caso es que esta mañana, una usuaria de Twitter me ha escrito una mención en la que me pedía que modificara la publicación del diario dedicado al #coaching y #formacion porque aparecía ella comentando un post de una tercera persona.
Le he comentado por la misma vía que es imposible hacer eso ya que forma parte de una programación en la que yo ni entro ni salgo.
Que no depende de mí.
Al rato, su respuesta es más inquisitiva.
Me sugiere que no hay nada imposible, y que está seguro de ello porque ella es #coach.
Casi me da la risa la leerlo.
Pero no es así.
Me enciendo.
Por dentro empiezo a sentir una especie de resquemor ante tanta ignorancia e prepotencia.
Pero vuelvo a responderle varios mensajes encadenados, seguidos, donde trato de hacerle ver que la publicación de los contenidos no depende de mí más allá de la propia configuración de los parámetros que establezco para que se haga una selección de contenidos.
Esto es, que si yo busco #coaching, y ella ha escrito #coaching, y además tiene un enlace, seguramente saldrá seleccionada.
Que es lo que sucedió esta madrugada.
Se obceca.
Erre que erra.
Que si lo tengo que cambiar.
Que si lo he hecho yo, tengo que saber cómo modificarlo.
Y que tengo que ser responsable con lo que hago, y que si no puedo serlo, que no lo haga.
Pues nada.
¡Qué viva el Coaching, mujer!
Pero antes de decir las cosas entérate de cómo funcionan.
Porque para colmo, reviso el Diario de #Coaching y #Formación para buscar el problema de toda esta historia, y resulta que quien enreda la madeja es ella.
Ha usado una respuesta variando el orden del destinatario para que parezca un mensaje.
Me explico.
Normalmente cuando se responde a un usuario, de manera automática el sistema coloca primero el nombre de usuario, de forma que el mensaje que queremos escribir se pone tras aquél.
De este modo, Twitter reconoce que es una respuesta, de forma automática.
Y este tipo de mensajes (las respuestas) no aparecen en otras redes sociales vinculadas.
Pero si se modifica el orden, la respuesta, aunque lo sea (porque se menciona al usuario destinatario, quien de todos modos recibe esa mención), no aparece como tal, sino que se sobre entiende que es un mensaje normal con una mención a un usuario.
Paper.li de manera automática discrimina y elimina (para que no sean publicados) los mensajes que son respuestas.
Pero esta usuaria al modificar dichos parámetros, quitó de forma involuntaria la protección de dicho programa.
El caso es que ante la insistencia de esta persona para que no volviera a publicar nada de ella, de esa forma, hube de tomar una drástica pero inteligente decisión.
Paper.li sí que discrimina entre los usuarios que bloqueo, por lo que…
… Ha pasado a ser usuaria bloqueada.
Una pena.
Pero ante personas ofuscadas, que no quieren entender más que lo que son capaces de copiar… goma de borrar.
Más que su insistencia, lo que más me ha molestado es su ignorancia.
Y que a pesar de tratar de hacerle ver la imposibilidad de cambiar nada, pretendía hacer prevalecer su capacitación sobre la imperturbabilidad de una programación ajena por completo a mí.
Y, además, haciéndome responsable de ello.
Cuánto bruto suelto.
De verdad…
Cuanto más me repito esa frase, más gracia me hace…
“Soy coach y para mí no hay nada imposible, lo sé”.
¡Dios!
Cuánta prepotencia junta.
Entrada del 1.
Es marzo.
Año 2.
2011

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Consultor y Estratega en Social Media y Marketing Digital. Mentor en redes sociales y marca personal. Escritor. Conferenciante. Formador. HootSuite Ambassador Lat-Am y España. Profesor de comunicación digital y marketing digital. Director de formación y profesor en Escuelas de Negocio y centros de estudios. Asesor de empresas en las Cámaras de Comercio de la Comunidad Valenciana.

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Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. Anonymous

    La conozco…
    he leido todo el tema, y es tal y como lo explicas prepotente e ignorante… aunque va de diva.
    Si pudiera explicar, como algunas personas se disfrazan en la red, para tratar de ofrecer a las personas lo que de verdad ellas mismas necesitan… si la conocierais os daria lastima. Lo mejor que has hecho es borrarla, porque discutir con alguien así, solo es tiempo perdido.
    Un saludo y suerte!

  2. Mai JI

    Lástima que haya tantísima prepotencia por ahí.

    Tú sigue como hasta ahora, ell@s son los que pierden más, aún tienes muchos seguidores.

  3. Anonymous

    No hay peor ignorante que el que no quiere aprender y se cree con la razón.

    En el pecado lleva la penitencia, no llegará muy lejos…y tú lo sabes 😉