Cambio generacional – Coaching para padres5 minutos de lectura

Os voy a contar algo. El pasado, ha sido un fin de semana intenso. Hacía bastante tiempo que no veía a mis padres. Es lo que tiene vivir en un sitio, que tus padres sean de otro, y que haya unos cuatrocientos kilómetros de separación entre ambas familias.  Y porque no quiero hablar de mis hermanos.
El único hermano varón que tengo, reside en Cuenca, con su familia.
Con él sí que es difícil coincidir a pesar de que la distancia sea menor.
Más ocupado.
Mayor pereza.
Ser hermano mayor es lo que tiene.
Por cuanto a mi hermana, ella sí que vive cerca.
A unos escasos cincuenta kilómetros.
Nos vemos más a menudo.
Aunque no todo lo que quisiéramos.
La distancia es un lastre.
Y con el tiempo se hace cada vez más evidente.
Pasa lo mismo con la edad.
Y con las diferencias generacionales.
Nunca se sabe dónde debe de acabar la línea del sentido común, y dónde empezar la del respeto a los mayores.
Y mucho menos cuando debes de aleccionar a tus progenitores.
El caso es que este fin de semana tocaba visita obligada.
Por placer y por negocios, como suele decirse.
Mi padre había dejado pendiente un tema que debía de resolverse a la mayor brevedad posible.
Gracias a él, uno de los proyectos de Cartagena, del que ya os he comentado en otros post, fue posible.
Y, en cierto modo, es la única persona que, además de vincularme a la propuesta, también me vinculaba con las personas que lo dirigían.
Así que su visita, impepinablemente, olía a trabajo.
A dios gracias que se ha retrasado el curso de redes sociales de Valencia, porque de otro modo la multiplicidad hubiera sido una de mis mejores habilidades.
Nos os voy a relatar todo el fin de semana.
Entre otras cosas, porque eso queda del lado de mi privacidad.
Pero el meollo del asunto es que quedó pendiente para hoy lunes le explicara, someramente, el funcionamiento de las listas de correo y de los grupos de discusión, como parte inherente del proyecto del que ya he dado algunas pinceladas.
Por mi forma de ser, soy una persona que le gusta ponerse en el lugar de quienes deben de aprender algo.
Me gusta ser empático.
Quizás, porque de esa manera asumo de una manera más fiel las carencias que mis alumnos tienen.
Quizás, porque me resulta más fácil tener un punto de vista desde el que enfocar mis lecciones, y convertirlas en temarios prácticos con los que se aprende sí o sí.
Quizás, porque al final, el resultado no es algo que sólo pueda utilizar una persona, sino que cualquiera podría ser capaz de hacer lo mismo que yo, precisamente por el esmero que pongo en explicar cómo funcionan las cosas.
El caso es que he estado toda la mañana del lunes investigando, analizando, capturando pantallas, tomando notas mentales, y escribiendo el guión imaginario de una película que más tarde montaría en Power Point.
Pantalla a pantalla he estado relatando, paso a paso, cómo crear una lista de correo.
No es nada complicado.
Creo que cualquier persona podría hacerlo por sí mismo.
Pero hay individuos que prefieren… que necesitan la ayuda de terceras personas.
No porque no vayan a entender cómo funciona algo.
Sino porque saben que esas personas explicarán su funcionamiento acomodado a sus necesidades.
Es como las instrucciones de IKEA.
Puedes desplegarlas y colgarlas en la pared, pero para comprender la esencia del mueble, siempre evocarás la imagen del mueble completo de la tienda, no del que tienes delante de ti.
Me sucede algo parecido con mi padre (y por extensión con mucha otra gente).
No es que necesiten que se les expliquen las cosas, pero es que mi forma de hacerlo les resulta más… Didáctica.
Me tomo mi tiempo.
Detecto sus carencias, cualesquiera que sean.
Adapto lo que he de dar a conocer.
Y lo imparto.
Sencillo.
El caso es que el resultado ha sido aleccionador.
Creo que ha sido de las pocas veces en las que me he dado cuenta de lo que realmente estaba consiguiendo.
No por el hecho de estar recreando el funcionamiento de un proceso.
Sino por el hecho de ser consciente de que lo que hacía con mi padre era algo que inconscientemente estaba haciendo con otros muchos mientras escribía en éste y otros blogs.
El sentido, no aleccionador, sino didáctico de cada uno de los artículos que esribo.
El carácter metafórico y muchas veces paradógico.
Pero también, cargados de moraleja.
Hacía tiempo que no tenía que focalizar la formación hacia una persona de tanta madurez y de tanta edad.
La última vez fue hace… Siete años. Cuando me iniciaba en esto de las clases de informática, intentando explicar a un septuagenario los secretos de Word manipulando un Mac.
La de bombas que entonces aparecieron en la pantalla del esa máquina.
Pero hoy ha sido por mi padre.
Reconforta saber que no siempre tienes algo que aprender de tus mayores.
Y que, tal vez, haya llegado el tiempo en que ellos deban de aprender de tus conocimientos.
Y más, que sea a ti, a su progenie, a quien hayan elegido para hacerlo.
Y no a otros.
Eso, es todo el reconocimiento que necesito.
Un abrazo, papá.
Entrada del 7.
Es marzo.
Año 2.
2011

#TheSocialMediaLab ofrece servicios de consultoría y de formación en redes sociales. Infórmate de los cursos en . Si quieres informarte de nuestros servicios, entra en http://www.contactme.com/4ded560c3842590001006cbb/embed.

Si buscas empleo, mi ebook te ofrece ‘Cómo usar las redes sociales para conseguir un empleo’. Puedes descargarlo en http://www.bubok.es/libros/216096/Como-usar-las-redes-sociales-para-conseguir-un-empleo.

The following two tabs change content below.
Consultor y Estratega en Social Media y Marketing Digital. Mentor en redes sociales y marca personal. Escritor. Conferenciante. Formador. HootSuite Ambassador Lat-Am y España. Profesor de comunicación digital y marketing digital. Director de formación y profesor en Escuelas de Negocio y centros de estudios. Asesor de empresas en las Cámaras de Comercio de la Comunidad Valenciana.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.