A golpes… – Día 5. Año 0.

Las sensaciones son experiencias que dan sentido a la vida. La llenan de calor, de ternura, de temor, de incertidumbre, de anhelo, de frío, de pasión, de certeza… de dulzura. En jornadas como la que hoy finaliza puede decirse que nada hay tan cierto, como que el día está acabando. Porque todo lo demás, deja tras de sí una espesa bruma que desdibuja el pasado, entorpece el presente, y tergiversa el futuro.


La perspectiva. Ese mosaico de experiencias sensoriales que deberían de permitirnos captar la naturaleza de un acto, y que por contra, lo único que me deja, es comprender, en parte, que si bien un éxito es el triunfo de mis no fracasos, el hecho de que haya fallado no es más que un camino abierto hacia la consecución final de mis objetivos.

Tengo claro que hoy no he tenido perspectiva. Que me ha faltado empuje. Determinación. Confianza. Que he estado a medio gas. Dubitativo e inseguro. He sido yo, sin ser yo mismo. He querido ser algo que siempre irá en contra de mi naturaleza. Y en mi caso, ni el mejor de los maquillajes ha podido disimular mi abyección al ser descubierto en un renuncio. Aunque afortunadamente no he cometido la vileza de taparlo con otro enredo.

Creo que peco de ser demasiado sincero, hasta incluso en mis actos. Y me refiero a los actos reflejos que se delatan en mi quinésica (interesante palabra ésta). Ya pocas veces soy capaz de no esconder lo que me evoca y provoca cada cosa que sucede a mi alrededor. Si algo me gusta (y me refiero a la persona, animal o cosa), habitualmente sonrío, me deleito en su observación. Aunque quizá debiera decir que es más una contemplación ensimismada, directa, y sin barreras. Hasta el punto de que cualquier elemento que pudiera interponerse entre lo observado y mi posición, ni siquiera pasaría a ser reflejado por mi cerebro. Lo anulo.

Si me disgusta, es el entrecejo. O la mueca. O el desaire. Y hasta el vacilamiento a la hora de contimuar una conversación que verse sobre dicho tema. 

Yo callo. Pero mi cuerpo no otorga. Se rebela.

La verdad es que ya no me extraño de esto. Pero si que es cierto que cada día se hace más palpable y evidente. Y que cualquier desengaño o frustración obtiene su reflejo en mi semblante, dejando surcos de igual manera que el azucar molida lo hace al hundirse en chocolate espeso.

Poco a poco y con fruición (jajajaja). Me río porque me hace gracia. La palabrita esa. No mis reacciones.

¡Estaría bueno!

El caso es que hemos llegado al jueves. La mitad de la semana para unos. El advenimiento del fin de semana para otros. Y para todos, lo que viene siempre después del miércoles y lo que está antes del viernes.

El día de júpiter.

Eso seguramente lo sabríais algunos de vosotros.

Pero lo que quizás os llame más la atención es que es el jueves el día que se emplea para iniciar el conteo de las semanas del año. Así, si el uno de enero fuera un viernes, la primera semana del año no se tendría en cuenta hasta que llegara el lunes 4.

Ni los años se reparten las semanas. Y eso que las leyes que crean y que rigen los calendarios las hemos hecho nosotros. Y ni por esas cedemos un ápice en ese aspecto.

Gracioso. Me estoy entreteniendo esta noche con un libro sobre técnicas de venta. ¡Yo!

Cuando la mayoría de la gente me tilda y me define como un comercial nato. Cuando en realidad mi mejor cualidad (además de la sineridad) es la de comunicar. La de transmitir un mensaje de forma que sea comprendido por el receptor, sin que medie, infunda o tercie interferencia de ningún tipo. Ni tan siquiera la de influir en el proceso de decisiones que debe de generarse una vez recibido y procesado el mensaje.

Es cierto que seguramente a veces trato de llevar una conversación a mi terreno. En eso también soy bueno.  Pero siempre hay libre albedrío. No me gusta ser persona mezquina. De hecho, me sabe mal incluso hasta que alguien me apoye, si en ello se ha de rebatir la postura de uno contra quien compita.

¡Uy!

El mejor ejemplo lo tengo en el padel. Cada vez que tengo un partido, la motivación es máxima. Las ganas enormes. Pero durante el encuentro, si la pareja con la que juego, y yo, vamos ganando, no sé muy bien por qué, bajo el ritmo y aflojo para tratar de equiparar los esfuerzos de los rivales.

Lo mejor es cuando voy perdiendo. Porque quizás existe mayor motivación, mayor desafío y mejor entusiasmo. Eso sí. Siempre que haya buena sintonía con la pareja (de juego), y que en las jugadas amargas resoplen los ánimos. Mientras que en las dulces, rechinen los vítores por puntos que merecieron la pena ser ganados.

No tengo claro que la vida sea una partida de padel. Soy más de la opinión de que este día de hoy me ha tocado ser pelota, y que a no sé quién le ha dado por ponerse a jugar conmigo contra la pared. En lugar de darme juego y permitirme llegar al otro lado de la red. Incluso habré de estar agradecido que no haya realizado ningún mate conmigo. Quizás las repercusiones, en ese caso, hubieran sido más… atronadoras.

Entrada del 26.
Es noviembre.
Año 0.
2009


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Consultor y Estratega en Social Media y Marketing Digital. Mentor en redes sociales y marca personal. Escritor. Conferenciante. Formador. HootSuite Ambassador Lat-Am y España. Profesor de comunicación digital y marketing digital. Director de formación y profesor en Escuelas de Negocio y centros de estudios. Asesor de empresas en las Cámaras de Comercio de la Comunidad Valenciana.

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